13 feb. 2018

El Síndrome Asenat





“José tuvo dos hijos con su esposa Asenat, la hija de Potifera, sacerdote de On” (Génesis 41:50)

Ayer hablamos de los “bultos ambulantes”, y nos referimos al modelo cultural que considera que las mujeres no tienen derecho a decidir por sí mismas. Eso implica que cuando se casan, deben seguir las instrucciones de su esposo o ir en la dirección que él indique.

Hoy quiero abundar en el versículo que utilicé en la reflexión de ayer y que volvemos a mencionar.

No se sabe de ella más que su nombre. Se llamaba Asenat, es mencionada en tres ocasiones en la Biblia (Gn. 41:45; 50; 46:20). Sólo se sabe que era la hija de un sacerdote importante en Egipto. Potifera, adorador de On, uno de los dioses egipcios.

No se dice qué sueños tenía, ni sus características físicas, ni su gustos, ni su conducta.

Fue “dada” como esposa a José. Nadie le preguntó si quería casarse, si deseaba ir con él, si quería a alguien más en su vida. Nadie se detuvo a pensar en sus sueños ni ambiciones personales. Eso no importaba, era mujer. No tenía el derecho de plantearse esas preguntas. El faraón consideró que debía ser esposa de José y punto.

Es probable que ella lo haya tomado como un honor, no tanto por José, sino por el faraón y porque, siendo hija de su tiempo, no tenía ni la capacidad ni los medios culturales para oponerse a tamaña arbitrariedad.

Nosotros leemos la Escritura y eso, horrendo, abominable y que va en contra de todo respeto a la libertad y el libre albedrío humano no nos parece indignante, simplemente, lectores del siglo veintiuno lo leen como “normal”.

Pero, no lo es. Absolutamente no es correcto ni adecuado.

Dios no creó a los seres humanos para que fueran tratados como individuos sin voluntad. Aún hay personas que no entienden que cada individuo vale por lo que es, básicamente un ser humano que merece respeto como tal, más allá de ser mujer o varón.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado

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