26 feb. 2018

Interpretación fatal



“Al hombre le dijo: Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! todos los días de tu vida” (Génesis 3:17)

En la historia de las interpretaciones bíblicas, probablemente, este versículo sea el que más se acerca a un texto que ha sido maldición para las mujeres, junto con el anterior. En una lectura superficial, aparentemente, es la mujer la culpable de todo lo que le ha acontecido a la humanidad, y de esa forma se enseñó por siglos, y aún, en ciertas comunidades cristianas de raigambre fundamentalista se tiende a pensar así. Como me dijo alguna vez un efusivo anciano, muy fervoroso pero sumamente ignorante de las Escrituras, combinación que tiende a ser nociva.

—Si no hubiera sido por la mujer aún viviríamos en el Edén.

—Es decir —le dije— en un mundo sin mujeres todo sería mejor.

Me miró desconcertado porque evidentemente no había entendido las implicaciones de sus propias palabras.

Al leer este texto de manera literal, sin entender que está hablando de la decisión del varón, libre y soberana, no de la mujer como seductora, como a menudo se presenta, la mujer es maltratada y tratada como si fuera la causante de todo el mal que le ha ocurrido a la humanidad, que es la interpretación más común en la historia de este texto.

Dios no culpa a la mujer, directamente. Sabe que hay un engaño. Sin embargo, sostener que la mujer como especie es la culpable de que el ser humano esté en la situación en que está, no sólo es infantil, es además irracional. Es desconocer todas las decisiones desconcertantes y terribles que los varones han cometido a través de todas las edades, muchas de ellas, sin duda, con complicidad de mujeres.

El pecado es un dolor profundo en la creación de Dios, pero lo es aún más cuando menoscabamos a una parte de la humanidad a ser maltratadas, simplemente, por algo que se supone hizo, la primera mujer y por esa razón deberían todas las demás cargar con una culpa que no es tal. Esa interpretación sexista es parte de lo que hay que erradicar.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado


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25 feb. 2018

Culpable



“Y dijo a la mujer: —¿Conque Dios os ha dicho: ‘No comáis de ningún árbol del huerto’?” (Génesis 3:1)

Hay una teoría extrañísima que enseña que la mujer comió del árbol de la ciencia del bien y del mal seducida por Satanás, pero la razón principal, es porque se había alejado de su esposo. Supuestamente, a partir de esa acción, ella sería la responsable del pecado, y en Eva, todas las mujeres y a través de todas las edades deberían cargar la culpa y las consecuencias de esas acción.

He escuchado la idea en sermones y conferencias, y las he leído en cientos de páginas. El “pobre” varón habría sido seducido por su esposa y habría comido del árbol.

De esa forma Adán aparece con menos culpa y la mujer como la gestora de este mal que ha recibido la humanidad.

En tiempos de Cristo existía una práctica cuando se realizaban funerales. En el momento de llevar el cadáver al lugar donde sería cremado, las mujeres marchaban delante del cuerpo, luego portaban el cadáver y al final caminaban los varones, como diciendo, “de ese muerto y de ningún muerto somos culpables nosotros, sino las mujeres que marchan adelante”.

Lo extraño es que en ninguna parte de la Biblia aparece que se culpa a la mujer del pecado, sino al varón. Incluso Pablo en 1 Timoteo 2:14 señala taxativamente que “Adán no fue engañado” y que la mujer si lo fue, tirando por tierra todas esas interpretaciones antojadizas que ponen la culpa sobre la mujer.

¿Cuánto han padecido millones de mujeres a través de la historia del cristianismo por la interpretación sexista de este texto?

Lo que es obvio en la Biblia, especialmente en Génesis 3:16-19, es que las consecuencias del pecado la viven varones y mujeres, haciendo ver de esta manera que ambos son moral y concientemente responsables.

Sería injusto que Dios culpara más a la mujer.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado


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24 feb. 2018

Desnudos



“Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban” (Génesis 2:25)

Es interesante como se introducen ideas que demuestran la fragilidad del entendimiento humano. La primera traducción que se hizo de la Biblia a un lenguaje vernáculo fue la llamada Vulgata Latina, que fue realizada por Jerónimo. Dicha versión permaneció por siglos y marcó las traducciones posteriores a otros idiomas.

Cuando Jerónimo tradujo por primera vez este versículo introdujo la palabra “desnudo”, por la concepción equivocada que había introducido Agustín de Hipona sobre el pecado original, que para dicho autor estaba vinculada con la sexualidad, cuestión de la que no habla la Biblia en ninguna parte y que sólo surgió de la mentalidad distorsionada de autores medievales.

En Génesis 2:25 hay una vinculación lingüística con Génesis 3:7, y el énfasis no es la desnudez, sino la culpa. La traducción más correcta sería “estaban uno frente al otro sin culpa y no sentían vergüenza”. Cuando entendieron que eran culpables lo primero que hicieron fue intentar esconderse, en especial de la presencia de Dios, porque sabían que algo había fallado.

¿Por qué deberían sentir vergüenza de sus cuerpos si eran esposos y así se habían conocido? No tiene lógica, a menos que se proponga que el cuerpo sexual humano tiene algo de repulsivo o vergonzoso, como era la creencia medieval.

Sin embargo, si se piensa en términos de culpa, el asunto cambia. ¿Por qué estaban uno frente al otro sin culpa? Precisamente porque no había conciencia culpable. Ambos se sabían inocentes. Estaban en plena armonía con Dios no había nada que pudiese afectar su relación.

El pecado introdujo una brecha en las relaciones interpersonales, convirtiendo a dos personas llamadas a la armonía, en enemigos y contrincantes. El plan de Dios se vio afectado y el varón y la mujer dejaron de tratarse como individuos con un mismo fin, para convertirse en adversarios.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado


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23 feb. 2018

Ser mujer en un mundo de hombres



“Tanto hombres como mujeres se bautizaron” (Hechos 8:12)

En su libro Ser mujer en un mundo de hombres, el sociólogo Ángel Gutiérrez Sanz (2014) aborda el problema espinoso de el rol que le ha cabido a la mujer en la sociedad, hasta el día de hoy. En su ensayo aborda la problemática da la mujer escindida en la bipolaridad de los sexos.

La mujer ha sido víctima durante mucho tiempo de desigualdades absolutamente injustas y de discriminaciones que no tienen ninguna lógica.

Gutiérrez Sanza señala que “el drama de la mujer viene condicionado, bien por el olvido de que es persona o bien de que es femenina”. En ambos casos se está ante una situación de injusticia ontológica. Una suerte de forma de ser determinante que termina por afectar tanto a varones como a mujeres.

La mujer y el varón son diferentes, no cabe duda, no obstante, la diferencia no debería servir para hacer que un sexo sea más preponderante que el otro. La dignidad y derechos nunca deberían ponerse en juego por ser varón o mujer. La diferencia no implica discriminación.

Ambos fueron creados para la complementariedad, no para la competencia o la humillación. No se trata de quién tiene más talento para qué, sino de cómo se comparten las diferencias para hacer que la humanidad completa se beneficie.

Uno de los problemas del feminismo extremista es que termina en la misma polaridad que el machismo, es decir, negando la masculinidad o haciendo del varón un objeto de sumisión o repudio, lo que evidentemente no contribuye al bien ser de la humanidad.

La iglesia, debería ser un microespacio donde se pudieran plantear en palabra y acción lo que Dios planeó originalmente para la humanidad. Es decir, debería ser un espacio donde se respete al ser humano más allá de que sea varón o mujer. No hay cabida en un contexto cristiano para actitudes sexistas, machistas o feministas radicales. En Jesucristo todos somos alcanzados por la dignidad y el valor de ser.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado


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